• Andrés Cifuentes

Primera Guerra Mundial (resumen)


La Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y terminó en 1918, (Italia entró en la guerra en 1915), se llamó la Gran Guerra , porque movilizó una cantidad impresionante de hombres y vehículos y porque acabó con todas las tácticas de la guerra del siglo XIX. , durante el cual se llevaron a cabo batallas únicas con tácticas de movimiento y enfrentamiento, que preveían el uso limitado de hombres y medios.


La Primera Guerra Mundial , en cambio, se convirtió en un enfrentamiento constante compuesto por resistencias, un asalto continuo a las trincheras enemigas, incluso con el solo uso de bayonetas , y el uso de vehículos blindados, armas de repetición, submarinos y gas.


Primera guerra mundial . En la foto: soldados franceses en la región de Marne (1914)

Los números de la Gran Guerra

La masacre no tuvo precedentes: Italia tuvo 654.000 muertos de los cuales 57.000 murieron en las cárceles austriacas, así como 60.000 soldados que fueron capturados durante las batallas y no se supo nada sobre ellos. Además, hubo 451.645 discapacitados y mutilados y 240.000 italianos murieron tras ser condenados por deserción, huida, autolesiones y desobediencia.

Las otras naciones tuvieron cifras aún más devastadoras: Francia perdió 1.400.000 soldados, Alemania 2.040.000 muertos, Rusia 2.000.000, Austria-Hungría 1.200.000 muertos y Serbia, donde todo comenzó, perdió 350.000 soldados.

El estallido de la Primera Guerra Mundial

Serbia era un estado satélite que actuaba como fusible de una situación ya deteriorada en la que, dentro del propio imperio austrohúngaro, había considerables fuerzas belicistas. Y, paradójicamente, uno de los protagonistas de estos impulsos fue el archiduque Fernando , asesinado el 28 de junio de 1914 en Sarajevo.

El joven irredentista Gavrilo Princip , saliendo de una tienda de abarrotes, cuando tal vez ya había renunciado al ataque, se encontró frente al auto del archiduque, detenido por una mala maniobra de la procesión. Princip luego sacó su pistola y disparó a la duquesa Sofía y al archiduque. Ambos murieron antes de llegar al hospital. A partir de ese momento comenzó el caos.


A las pocas semanas, Austria envió un ultimátum a Serbia, que no aceptó algunos puntos del documento pero respondió diplomáticamente. Mientras tanto, Rusia decidió apoyar a Serbia. Un incidente entre soldados serbios y austriacos aceleró los acontecimientos y el 28 de julio de 1914, Austria declaró la guerra a Serbia.


Las primeras alianzas

En este punto se desencadenó un mecanismo de alianzas que llevó a Alemania a declarar la guerra a Rusia (1 de agosto de 1914) y luego a Francia (3 de agosto de 1914). Italia se declaró neutral y Bélgica fue invadida el 4 de agosto por tropas alemanas. Inglaterra decidió entonces declarar la guerra a Alemania.

En los días siguientes se involucraron todas las naciones europeas y los bandos se organizaron en dos grandes coaliciones: las Potencias Centrales y la Triple Entente .

El Estado Mayor pensó que la guerra duraría un verano, sin embargo, duró cuatro años con inmensas pérdidas humanas y con el uso de medios y recursos que ningún conflicto bélico había visto empleado. Fuente: biografieonline


LA GRAN GUERRA Cuatro años de batallas



El fin de la inocencia


Un encuentro fortuito, un utópico plan de contienda rápida que se transformó en inesperados años de lodo y trincheras llevaron la sangre y las batallas a los confines más remotos del mundo. Así fue la secuencia de cuatro años de guerra.


Sólo el azar explica que, fracasado el primer intento de asesinar al archiduque Francisco Fernando de Austria, su chófer lo llevara al hospital para que lo curaran de sus heridas leves y, acto seguido, se perdiera de vuelta y regresara, sin pretenderlo, a una de las calles en las que se escondía, armado con una pistola, uno de los agentes nacionalistas que habían intentado matarlo horas antes. Era Gavrilo Princip, del grupo terrorista La Mano Negra. Un disparo lo alcanza a él y otro a su esposa, que estaba embarazada. Fueron las dos primeras balas de la Primera Guerra Mundial.

En una semana media Europa se puso el uniforme de guerra y se abrieron los banderines de enganche para reclutar a medio continente para que acabara con el otro medio

Del 28 de junio al 28 de julio, todos los movimientos de la diplomacia internacional se encaminaron a echarle gasolina al fuego. Alemania apoyó a Austria en sus acusaciones contra Serbia, Francia se alió a Rusia, Rusia a Serbia… De un país pequeño como un guisante, el conflicto saltó a casi todos los rincones de Europa en dos semanas en las que las declaraciones de guerra volaron por el telégrafo como si fuera veneno en las arterias de la región. Las razones por las que un continente próspero se suicidó de esa manera aún se desconocen. Una época, la de la paz armada y la inocente Belle Époque, se iba por el sumidero de la Historia en pocas horas de aquel 28 de julio de 1914 en que el Imperio Austrohúngaro declaró la guerra a Serbia.


Este movimiento desató toda la política de alianzas: Rusia movilizó su ejército, Alemania le declaró la guerra por esa razón, y lo mismo hizo Austria. Luxemburgo cayó en dos días y Francia entró en guerra el día 3 junto con Bélgica. En 24 horas Gran Bretaña se unió a los aliados contra Alemania y un día después se animó Montenegro. En una semana media Europa se puso el uniforme de guerra y se abrieron los banderines de enganche para reclutar a medio continente para que acabara con el otro medio.


Soldados franceses se disponen a atacar en Verdún en 1916 | AFP

Los movimientos de tropas fueron rápidos las primeras semanas, como el de las redes de espionaje. Los ejércitos del káiser pusieron rumbo a París y hubieran llegado si la guerra del siglo XIX hubiera desaparecido en pocos días, los que tardaron en excavarse las primeras trincheras, en montarse pozos de tirador, en situar ametralladoras en el campo de batalla y miles de kilómetros de alambre, minas, trampas, posiciones de artillería y todo lo necesario para que el frente se estabilizara durante meses en batallas como Arrás, Marne o Verdún, en las que cualquier avance de unas decenas de metros se hacía a costa de divisiones enteras de soldados que caían presa de las balas, el gas mostaza, los lanzallamas, los obuses, enfermedades como la disentería o el estrés postraumático. Había cañones, como el Gran Berta, que podían disparar obuses a 13 kilómetros de distancia, zepelines, bombarderos y carros blindados en una colección de horrores tecnológicos nunca vista.


En 1915 Japón amenazó a Alemania y se unió a los aliados. El conflicto llegó a Qingdao (China) en septiembre, donde los japoneses y británicos vencieron a los alemanes. El mar del norte se convirtió en un campo de batalla para los submarinos alemanes y los cruceros aliados, que también combaten a los germanos en la costa chilena, un ensayo de lo que sería la guerra submarina de los lobos grises de Hitler en 1939.

En noviembre Japón extendió la guerra a Oceanía con la ocupación de las islas Marshall, Carolinas y Marianas. Australia entró en guerra y derrotó a la flota alemana en la batalla de Cocos, pero pagaría después el precio en la batalla de Galípoli, en la costa de Turquía, que ese mismo mes entró en la contienda a favor de las potencias centrales, al igual que Polonia y Egipto, que se convirtió en protectorado británico. Las levas eran gigantescas porque había que reemplazar a millones de muertos, más de 9 en toda la contienda. Al principio los voluntarios llenaban las oficinas de reclutamiento, pensando en un conflicto rápido, pero cuando las trincheras se clavaron al terreno la atmósfera festiva desapareció.

Las calles de Berlín, Viena, Paris o Londres comenzaron a llenarse de veteranos tullidos pidiendo dinero en las calles, con sus medallas sobre el pecho y la vida deshecha. La moral se desplomó en pocas semanas, así como las posibilidades de una tregua. Tan sólo el día de Navidad de 1914 se dio un alto el fuego en el que tropas alemanas llegaron a jugar un partido de fútbol con franceses y británicos en un trozo de terreno virgen aún de agujeros de mortero. Las crónicas de la época aseguran que ganaron los alemanes por 3 a 2. Después cantaron villancicos, decoraron árboles y volvieron a lo suyo, seguir matándose con saña.


En mayo de 1915 un submarino alemán hundió el trasatlántico británico 'Lusitania' y provocó dos años más tarde la entrada de Washington en la Gran Guerra a favor de los aliados. Días después Italia entró en la contienda contra el imperio Austrohúngaro. Los combates llegaron hasta Eslovenia, Lituania, Letonia, Estonia y Ucrania.


El causante de la muerte del 'Barón Rojo' con su copiloto. | Blanco y Negro

Los únicos que estaban al margen de la nueva guerra del siglo XX eran los pilotos de cazas, que como caballeros andantes pilotaban los cielos con aviones pintados de vivos colores y se lanzaban a combatir hombre a hombre, al margen de gases, trincheras y obuses. Los periódicos de la época narraban sus hazañas añadiendo la necesaria épica propagandística. El alemán Manfred Von Richtofen, más conocido como el Barón Rojo, despertó la admiración de amigos y enemigos por su supremacía sobre las nubes y su gallardía a bordo de las máquinas que le fabricaba el ingeniero Anthony Fokker hasta que lo derribó el canadiense Roy Brown. En el bando contrario, Georges Guynemeyer, conocido como la 'espada alada' sumó 62 victorias al final de la guerra, aunque el prototipo de héroe mujeriego e intrépido lo encarnó sin duda Charles Nungesser, ex piloto de carreras apodado 'Monsieur calavera y tibias cruzadas', como el escudo que llevaba en su avión. Más que combatir, hacía exhibiciones de virtuosismo aéreo en plena batalla.

La guerra, como una enfermedad bíblica, llegó a todos los confines del mundo. Las potencias comenzaron a mandar armamento y soldados a sus colonias africanas. Las tropas alemanas se rindieron en Namibia en septiembre de 1915 mientras la guerra se extendía en Camerún, Togo, Tanzania, Kenia, República Democrática del Congo y Gabón, con la movilización de cientos de miles de hombres procedentes de ejércitos tribales, algunos armados tan sólo de una lanza y un escudo, como las tropas zulúes o masai, movilizadas por los británicos. En octubre Bulgaria declaró la guerra a Serbia y obtuvo Macedonia mientras las balas llegaron hasta Irak. Las tribus árabes, acaudilladas por el príncipe Faisal y Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia) se unieron contra el imperio Otomano y tomaron Aqaba.

Clemenceau dijo en Versalles, al recibir el documento de rendición por parte de Alemania: «Bueno, esto es el final». El historiador Arthur J. Toynbee, presente en la sala, masculló en voz baja: «No, esto es sólo el principio».

En la primavera de 1916 Portugal entró en el conflicto y franceses y británicos se repartieron Oriente Próximo (Siria e Irak) con los acuerdos secretos de Sykes-Picot, que han estado vigentes hasta la actualidad. Rumanía, uno de los países que aún permanecía neutral, sufrió una ofensiva de las potencias centrales. Grecia, por su parte, no participará hasta abril de 1917 y es el último territorio en unirse a la contienda.


En 1918, con Europa arrasada y las llamas prendiendo el resto del planeta, las potencias centrales pidieron un alto el fuego cuando aún ocupaban una pequeña porción del suelo francés. En realidad, todos los imperios estaban exhaustos, sin soldados, moral, materias primas ni dinero para costear un conflicto sin solución posible en el campo militar. En el palacio de los espejos de Versalles las potencias aliadas rubricaron su victoria sobre el káiser y sus aliados, que son los que primero levantaron la bandera blanca, pero las condiciones de reparación fueron tan crueles con Alemania que se incubó algo mucho peor: el resentimiento y el revanchismo que llevó al nacimiento del nazismo y a la Segunda Guerra Mundial. Clemenceau, el presidente francés, dijo en Versalles, al recibir el documento de rendición por parte de Alemania: «Bueno, esto es el final». El historiador Arthur J. Toynbee, presente en la sala, masculló en voz baja: «No, esto es sólo el principio». Fuente: www.elmundo.es

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