A Aminta, que imite al sol al dejarle consuelo cuando se ausenta
- Andrés Cifuentes
- 7 feb 2021
- 1 Min. de lectura

Pues eres sol, aprende a ser ausente del sol, que aprende en ti luz y alegría; ¿no viste ayer el día agonizar el día y apagar en el mar el oro ardiente?
Luego se ennegreció, mustio y doliente, el aire adormecido en sombra fría; luego la noche en cuanta luz ardía, tantos consuelos encendió al Oriente.
Naces, Aminta, a Silvio del ocaso en que me dejas sepultado y ciego; sígote oscuro con dudoso paso.
Concédele a mi noche y a mi ruego, del fuego de tu sol, en que me abraso, estrellas, desperdicios de tu fuego.
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